El sol casi se estaba yendo. Me disponía a irme a dar un paseo por la colina que había detrás de mi casa; como solía hacer todas las tardes. Cogí las llaves, abrí la puerta y me fui. Llegué a la colina de atrás, desde pequeña solía ir con mi hermana a jugar debajo de un gran roble muy viejo. Desde el árbol se veía el pueblo a lo lejos, y desde el otro lado, se veía el tren en el horizonte, justo debajo de la puesta de sol.
El cielo se estaba poniendo color rosado, las nubes tapaban un poco el sol. Me apoyé en el roble y esperé a que se fuese . Justo en ese momento vi que no estaba sola. Más abajo, en el césped, había una persona tumbada. Me acerqué a ver quién era. Reconocí el rostro de un chico muy bello. Sus rasgos eran perfectos, sus labios eran color rosado, un poco gruesos, sus ojos estaban cerrados, pero se le veía unas pestañas muy largas. Sus cejas marcaban una mirada atractiva. Su pelo era color bronce; estaba un poco desaliñado, pero, que a la vez, le daba un toque extrovertido. Aunque estaba tumbado, era muy largo y ancho de espalda. De repente abrió los ojos.
Sus ojos y los míos se encontraron, se incorporó en cuestión de segundos y empezó a hablarme.
-¿Quién eres?-Preguntó con voz cortada.
-Perdona si te he despertado. Mi nombre es Tara y vivo justo en la casa que hay ahí abajo. Me preguntaba qué hace un chico como tú tumbado en el césped.
El chico sonrió.-Perdona si te he asustado, soy Gabriel, vengo de la ciudad, y cuando venía en tren vi esta pequeña colina. Supuse que se podría ver la puesta de sol desde aquí. Estaba tan cansado que me tumbé y me quedé dormido.
-Vaya así que eres de la ciudad. Yo también vengo aquí todas las tardes a ver la puesta de sol, desde aquí se ve perfectamente-Respondí.
Nos quedamos un rato los dos sentados observando como el sol se ponía en el horizonte. Estuvimos hablando sobre nuestra vida y lo que solíamos hacer normalmente.
Ya casi estaba anocheciendo. Se me ocurrió invitarle a cenar . Él aceptó y nos volvimos a mi casa.
-¿Qué te apetece cenar?-Le pregunté.
-Lo que tú quieras-contestó. Decidí prepararle mi famosa tortilla de patatas con un toque de pimienta. Mi madre me la preparaba de pequeña. Mientras preparaba la cena, Gabriel ponía la mesa, insistió que debía de hacer algo.
El cielo se estaba poniendo color rosado, las nubes tapaban un poco el sol. Me apoyé en el roble y esperé a que se fuese . Justo en ese momento vi que no estaba sola. Más abajo, en el césped, había una persona tumbada. Me acerqué a ver quién era. Reconocí el rostro de un chico muy bello. Sus rasgos eran perfectos, sus labios eran color rosado, un poco gruesos, sus ojos estaban cerrados, pero se le veía unas pestañas muy largas. Sus cejas marcaban una mirada atractiva. Su pelo era color bronce; estaba un poco desaliñado, pero, que a la vez, le daba un toque extrovertido. Aunque estaba tumbado, era muy largo y ancho de espalda. De repente abrió los ojos.
Sus ojos y los míos se encontraron, se incorporó en cuestión de segundos y empezó a hablarme.
-¿Quién eres?-Preguntó con voz cortada.
-Perdona si te he despertado. Mi nombre es Tara y vivo justo en la casa que hay ahí abajo. Me preguntaba qué hace un chico como tú tumbado en el césped.
El chico sonrió.-Perdona si te he asustado, soy Gabriel, vengo de la ciudad, y cuando venía en tren vi esta pequeña colina. Supuse que se podría ver la puesta de sol desde aquí. Estaba tan cansado que me tumbé y me quedé dormido.
-Vaya así que eres de la ciudad. Yo también vengo aquí todas las tardes a ver la puesta de sol, desde aquí se ve perfectamente-Respondí.
Nos quedamos un rato los dos sentados observando como el sol se ponía en el horizonte. Estuvimos hablando sobre nuestra vida y lo que solíamos hacer normalmente.
Ya casi estaba anocheciendo. Se me ocurrió invitarle a cenar . Él aceptó y nos volvimos a mi casa.
-¿Qué te apetece cenar?-Le pregunté.
-Lo que tú quieras-contestó. Decidí prepararle mi famosa tortilla de patatas con un toque de pimienta. Mi madre me la preparaba de pequeña. Mientras preparaba la cena, Gabriel ponía la mesa, insistió que debía de hacer algo.
-Espero que te haya gustado la cena-
-Estaba exquisita-contestó Gabriel sonriendo.
-Será mejor que me valla, no quiero molestarte más-dijo.
-Como quieras. Ha sido un placer conocerte, me lo he pasado muy bien, de verdad.
-El placer ha sido mío Tara, de verdad, gracias-Le acompañé a la puerta. No quería que se fuese, estar con él era reconfortante. Nos despedimos con dos besos.
-Quiero darte las gracias de una forma especial-Contestó Gabriel. Sus ojos me miraban fijamente, hacía que me pusiese nerviosa. Mis palpitaciones aumentaban cada segundo. Era una sensación que nunca antes había tenido. Se acercó a mi suavemente y deslizó sus manos sobre mi cintura con delicadeza. Su cara poco a poco estaba acercándose a la mía. Sus labios rozaron los míos. Poco a poco nos inundamos en un beso que no quería que acabase nunca. Gabriel se separó poco a poco, algo me decía que debía irse ya.
-Espero verte alguna vez más-Contesté.
-Y yo a ti…-Respondió Gabriel.
Poco a poco veía como se alejaba en la oscuridad. Estaba a punto de cerrar la puerta cuando, de repente, una luz salía de él. No podía creer lo que estaba viendo. De su espalda salieron unas hermosas alas con plumas blancas. De un momento a otro salió volando hacia el cielo. Se giró hacia atrás y se despidió con una amplia sonrisa. Las lágrimas me brotaban de los ojos, no conseguía detenerlas. Sabía que nunca más volvería a verle.
-Estaba exquisita-contestó Gabriel sonriendo.
-Será mejor que me valla, no quiero molestarte más-dijo.
-Como quieras. Ha sido un placer conocerte, me lo he pasado muy bien, de verdad.
-El placer ha sido mío Tara, de verdad, gracias-Le acompañé a la puerta. No quería que se fuese, estar con él era reconfortante. Nos despedimos con dos besos.
-Quiero darte las gracias de una forma especial-Contestó Gabriel. Sus ojos me miraban fijamente, hacía que me pusiese nerviosa. Mis palpitaciones aumentaban cada segundo. Era una sensación que nunca antes había tenido. Se acercó a mi suavemente y deslizó sus manos sobre mi cintura con delicadeza. Su cara poco a poco estaba acercándose a la mía. Sus labios rozaron los míos. Poco a poco nos inundamos en un beso que no quería que acabase nunca. Gabriel se separó poco a poco, algo me decía que debía irse ya.
-Espero verte alguna vez más-Contesté.
-Y yo a ti…-Respondió Gabriel.
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